Estaba demasiado ebria.
"Haces bien el trabajo de mayordomo. Tal vez te contrate" le dijo a el y se bebió el whisky de un sorbo.
"¿Ah sí?" preguntó el.
"Si, te quedaría hermoso un vestido de mucama" contestó ella en tono burlón.
El se puso serio y volvió a preguntar "¿Ah si?"
"¡¡¡Si!!!" dijo ella mientras dejaba el vaso de whisky en la mesa ratona y enseguida recibió un fuerte golpe en el costado derecho de la cara.
"¡Yo te voy a enseñar puta!" Gritó él mientras agarraba a la otra (la inocente-zorra) de los pelos y la tiraba al piso.
"Era muy fácil sólo quería que tuvieramos sexo. Como si nunca lo hubieran hecho" y volvió a golpear a la primera que ya tenía la nariz sangrando.
"¿Ahora que vamos a hacer?"
Se sentía ebrio, pero ahora no era por alcohol ni por la cocaína, era la adrenalina y el poder que le provocaba sentirse dueño de alguien y poder hacer con ese alguien lo que desease.
Sacó del bolsillo de su pantalón una navaja, la abrió y empezó su juego...
Primero agarró a la que lo había rebajado diciendole que sería una buena mucama y le cortó el cuello. Ella estaba sangrando, ya no servía.
La otra, la inocente-zorra todavía se conservaba intacta.
Se dirigió hacia ella y la agarro de nuevo de los pelos, ella lo miraba y miraba la sangre que habia en la alfombra, y miraba a su amiga muerta y volvía a mirarlo a él.
La mirada que tenía ahora era aun mas inocente, presa del miedo se había quedado paralizada y estaba pálida, lo miraba con ojos asustados y eso lo excitaba mucho.
Tuvo una erección y sonrió, mientras llevaba a esta chica de los pelos hacia una puerta grande, de metal, la abrió y habló con palabras nerviosas: "Con cuidado mi amor, no vayas a caer por la escalera. No querrás arruinarte como tu amiga, no quiero tener que matarte también"
Ella estaba atónita, estaba en shock, no entendia nada, solo asintió y tuvo cuidado de no caer por las escaleras.
Llegaron al final de la escalera y había otras dos puertas, el eligió la de la derecha y la hizo entrar.
La sentó en una silla y el se sentó en otra frente a ella.
Acercó su cara a la de ella y ella pudo oler la traspiración y la sangre.
Cayó una lágrima del ojo derecho de ella y el la lamió como si fuera un perro sediento.
Le ató las manos y los pies a la silla y se fue de la habitación. Pasó menos de un minuto cuando volvió a entrar desnudo, con una valija llena de aparatos de los que se usan en un quirófano.
Tenía una fuerte erección. Se acercó a la chica que todavía no parecía reaccionar a lo que le estaba sucediendo y le inyectó un líquido en el brazo derecho.
"Eso te va a mantener tranquila. No intentes nada, sólo quiero jugar con vos"
Ella empezo a debilitarse, no sentía las extremidades, pero estaba completamente consciente.
El le introdujo en su boca un aparato de metal que se la mantenía abierta y luego metio su pene ahí.
Ella empezó a llorar, no merecía esto. ¿O tal vez si? No, nadie se merecía lo que le estaba pasando, ella había estado con hombres a los que luego les había robado, había sido una chica mala. Pero de todas formas ésto era demasiado.
Unos segundos antes de acabar el sacó el pene de su boca, y se vino sobre el pecho de ella, luego empezo a lamer su propio semén.
Estaba aún mas loco de lo que parecía...
Pasó unos diez minutos llorando en el piso, luego se levantó como si nada y le dijo.
"En unos minutos vas a sentir nuevamente los brazos y las piernas. Ahora tengo que preguntarte algo. ¿Deseas que te mate ahora o que espere a que puedas sentir como lo hago?"
Ella no contestó, estaba casi paralizada, se sentía débil física y anímicamente.
"Eso me parecía" Dijo él y volvió a agarrar la navaja.
Subió las escaleras y el mayordomo estaba limpieando la sangre de la otra chica del sillón.
"Ya está" dijo él.
Y se fue a dormir... Como si nada.
E.V.

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