- Estoy muy cansado - Dijo él mientras se sacaba la remera y se tumbaba en la cama.
-Deberías trabajar menos, o tomarte las cosas con calma mi amor - le contestó ella, que estaba desnuda secándose el pelo frente al espejo.
El había estado todo el día caminando, recorriendo la ciudad, intentando vender un producto mintiendo sobre su calidad, exponiéndolo como si fuera algo que no era.
Había salido temprano, apenas lloviznaba por lo que pensó no llevarse un paraguas... Media hora después de tomar esa decisión empezó a llover muy fuerte y tuvo que refugiarse en una biblioteca.
Allí leyó un rato unos libros que recordaba haber leído un tiempo atrás.
Recordó como eran las cosas antes, como era él, como era su mujer. Como había sido su hija, que por desgracia divina ya no se encontraba junto a ellos.
Recordó las cosas malas que le habían sucedido, la lluvia siempre le hacía sentir así.
A veces pensaba que de haber probado en algún momento el sadomasoquismo le habría gustado. Le gustaba recordar esas cosas que le dolían, sentía cierto placer morboso en el dolor, aunque no le gustaba ver a otra persona sufrir.
Siempre había querido ir a un psicólogo, para ver como era, pero nunca lo hizo. Después de todo, el sabía que estaba un poco loco, y generalmente sabía lidiar con eso.
Paró de llover y se decidió a salir de la biblioteca, enfiló hacia la puerta y se despidió del bibliotecario con un saludo casi imperceptible.
Cuando salió, una fuerte brisa helada le azotó con fuerza y le arranco una lágrima.
¿De dónde venían las lágrimas? ¿A dónde iban?
Poco importaba ahora... Tenía que trabajar, tenía que convencer a la gente de comprar algo que no servía para nada, tenía que mentir para sobrevivir.
La ciudad era como la selva a veces, sólo que en otro sentido... En la ciudad no se comen unos a otros para sobrevivir, sino que escalan una subida infinita de corrupción, y el que está mas arriba es el que más fácil tiene las cosas, el que mejor "sobrevive".
Siguió caminando, toda la mañana.
Al mediodía almorzó en el lugar mas caro que encontró.
Pidió una ensalada, una porción de carne asada, una de papas fritas y una botella chica de vino tinto.
Terminó la carne y se tomo una copa de vino, se levantó de la mesa, fue al baño y luego salió, sin pagar, como si lo que estaba haciendo fuera normal.
¡Le encantaba hacer eso!
Pensó en volver a su casa, pero decidió que no había vendido lo suficiente y siguió con su trabajo.
Cuando empezó a llover de nuevo, frenó un taxi y volvió a su casa.
Había tenido un día tan largo, y no tenía nada interesante para contar.
Su mujer se vistió, y se acostó en la cama al lado de el.
Se besaron, se dieron un abrazo y prendieron la T.V.
- ¿Qué tal tu día? -Preguntó ella.
- Dah... Lo mismo de siempre

No hay comentarios:
Publicar un comentario